Hace años compré este sillón en un anticuario, bueno, en realidad son dos sillones de pequeño tamaño.
Como decía, los compré porque me gustó la forma que tenían, su tamaño reducido y que podían quedar fenomenal en un rinconcito junto a la ventana en el salón de mi casa.
Estaban pintados de negro, bueno, en realidad llevaban cuatro capas de pintura, unas pinturas plásticas espantosas, a cuál más fea. El tapizado debía ser el original, un brocado de seda en tono verde con un estampado de flores muy desvaidas, el interior no estaba mucho mejor, el crin estaba muy sucio y muy aplastado, los mueles estaban destensados y con las cuerdas rotas, las cinchas de arpilleras también estaban en muy mal estado. A todo esto se le unía un importante ataque de xilófagos.
Es una pena que no conserve ninguna foto de ese estado inicial.